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Las raíces históricas de Pozuelo de Alarcón se sumergen en las sombras de la prehistoria, con vestigios encontrados en la Cañada de la Carrera, cerca del arroyo Meaques. En 1923, se descubrió un hacha de sílex y diversas herramientas, evocando la presencia de pobladores prehistóricos en la región.
En la época romana, la zona albergaba la posada "Mansio Miaccum", mencionada en la guía del imperio "Itinerarium Antonini" del siglo III d.C., ofreciendo refugio a los viajeros entre Segovia y Titulcia. La prosperidad musulmana podría haberse arraigado en Pozuelo debido a sus aguas abundantes y tierras fértiles, sugiriendo la posibilidad de una torre vigía en el barrio de la Estación.
La Edad Media nos entrega los primeros documentos escritos sobre Pozuelo, datando de 1208 durante el reinado de Alfonso VIII, cuando las demarcaciones se establecieron tras disputas con ganaderos segovianos. En este periodo, Pozuelo pertenecía al sexmo de Aravaca y se conocía como "Pozuelo de Aravaca".
Ilustres personajes medievales, como el poeta Juan Alvarez Gato, dejaron su huella en la localidad. En 1576, Pozuelo de Aravaca fue adquirido por la familia de Ocaña y Alarcón, pasando a formar parte de su señorío y adoptando el nombre actual.
El siglo XVIII marcó el inicio de la relevancia de Pozuelo. Personajes notables, como el Ministro Campomanes, dejaron su marca en la localidad, impulsando la modernización económica y la construcción de puentes y fuentes. La industria del curtido, iniciada con la aprobación de Fernando VI en 1746, floreció hasta el siglo XX.
En el siglo XIX, Pozuelo se convirtió en un refugio veraniego para burgueses madrileños, atraídos por los extensos olmedas, pinares y aguas medicinales. La llegada del ferrocarril en 1861 intensificó este fenómeno.
La Guerra Civil de 1936 marcó un punto de quiebre. Bajo control republicano, Pozuelo fue evacuado y se convirtió en un campo de batalla, dejando un saldo desgarrador. La reconstrucción inició en 1942 con la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y el ayuntamiento en 1952, marcando el renacer de la ciudad.
Desde la década de los 50, la inmigración transformó la demografía de Pozuelo, que dejó atrás sus días agrícolas y de curtido para convertirse en una ciudad residencial en constante crecimiento, con una población actual que supera los 70,000 habitantes y una renta per cápita envidiable. Pozuelo de Alarcón se erige como testigo de un pasado rico y un presente próspero.
El corazón urbano de Pozuelo de Alarcón late rodeado de exuberantes espacios verdes, entre los que se destaca la imponente "Casa de Campo", un vasto pulmón verde que se extiende como uno de los grandes parques de Madrid. Pozuelo, con visión progresista, ha ampliado este oasis natural, acercándolo aún más a su bullicioso centro urbano.
Al norte y sur del casco urbano se encuentran dos joyas naturales: el monte de Pozuelo y Montegancedo, respectivamente. Estos rincones pintorescos ofrecen a los residentes y visitantes la oportunidad de sumergirse en la serenidad de la naturaleza, escapando del ajetreo cotidiano. Hacia el oeste, se despliegan las majestuosas masas forestales de Boadilla del Monte, añadiendo otra capa de belleza natural a la paleta de Pozuelo.
Pozuelo se erige como un auténtico "jardín urbano", gracias a su dedicación inquebrantable a la promoción y cuidado de sus parques y jardines públicos. Este compromiso verde no ha pasado desapercibido, ya que la localidad ha sido galardonada en dos ocasiones (1996 y 2000) con el prestigioso Premio Alhambra, otorgado por la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos.
Estos espacios verdes no solo sirven como refugio natural, sino que también fomentan la convivencia y el bienestar de la comunidad. Pozuelo, con su enfoque en la sostenibilidad y la armonía con la naturaleza, se convierte en un ejemplo inspirador de cómo un municipio puede integrar la vida urbana con la serenidad verde, creando un entorno que cautiva a quienes lo llaman hogar.