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  • Imagina caminar por las antiguas y encantadoras tierras de Pravia, un rincón de Asturias donde el tiempo parece detenerse y la naturaleza, con su inabarcable belleza, te abraza suavemente en cada paso que das. Aquí, en esta región privilegiada, los suaves montes, cubiertos de un verde interminable, se deslizan majestuosamente hasta encontrarse con los amplios valles, que se extienden como un vasto manto entre las colinas. Estos valles fértiles son surcados por los caudalosos y siempre imponentes ríos Nalón y Narcea, dos titanes de aguas claras que fluyen como guardianes eternos de la vida y la historia de este lugar. Mientras recorres sus orillas, sientes cómo la naturaleza te invita a formar parte de su armonía. En sus frescas aguas, el majestuoso salmón, rey de estos ríos, se mueve con una elegancia que parece coreografiada por la propia corriente. Estas aguas riegan las vastas y fértiles vegas, cuyo verdor es el origen de las célebres fabas asturianas, uno de los manjares más preciados de la región, cosechadas con dedicación y orgullo por generaciones de agricultores que han encontrado en esta tierra la fuente de su sustento.

    Al adentrarte en este paisaje, sientes el peso de los siglos en cada piedra, en cada sendero que recorres. Es entonces cuando descubres la imponente iglesia de San Juan de Santianes, una joya arquitectónica que fue levantada en el siglo XIII, época en que el arte románico alcanzaba su máximo esplendor en estas tierras. Este templo, con su sólida estructura de piedra y sus muros cargados de historia, te recibe con una serenidad casi palpable. Al observar sus líneas austeras, pero de una elegancia conmovedora, te das cuenta de que esta obra maestra de la arquitectura no solo es un testimonio de la habilidad de sus constructores, sino también un refugio espiritual que ha brindado consuelo y paz a quienes cruzaron sus umbrales durante generaciones. Cada detalle decorativo, desde los capiteles esculpidos hasta los arcos que sostienen su bóveda, es un recordatorio del arte y la devoción de aquellos que, con sus manos, crearon un lugar destinado a perdurar a lo largo del tiempo.

    No muy lejos de esta joya arquitectónica, el antiguo Puente de los Fierros te aguarda como un testigo silencioso de los siglos que han pasado, cruzando sobre el impetuoso río Narcea. Este puente medieval, construido con grandes bloques de piedra, ha sido durante siglos una arteria vital para los habitantes de Pravia, y hoy en día sigue siendo un emblema de la conexión entre el hombre y la naturaleza. Al caminar por sus piedras desgastadas por el tiempo, sientes cómo la historia cobra vida bajo tus pies. Sus arcos robustos no solo han soportado el paso del tiempo, sino también las crecidas de las aguas, que bajo él fluyen con fuerza inquebrantable. Desde este lugar privilegiado, las vistas que se despliegan ante ti son simplemente impresionantes. Los verdes paisajes que rodean el río parecen extenderse hasta el infinito, mientras el cielo azul se refleja en las aguas cristalinas. Es el lugar perfecto para detenerte, sacar una fotografía que capture la magnificencia del entorno, y dejarte llevar por la tranquilidad que emana de este lugar cargado de historia y belleza natural.

    A medida que sigues explorando, te encuentras con otra maravilla arquitectónica que te dejará sin aliento: el Palacio de Camposagrado. Este majestuoso edificio, un ejemplo perfecto del esplendor renacentista, se alza orgulloso como testigo de la riqueza cultural y la historia que ha forjado la identidad de Pravia a lo largo de los siglos. Sus altos muros, adornados con detalles finamente esculpidos, reflejan la grandeza de una época en la que la nobleza asturiana dejó su huella en la arquitectura de la región. Al recorrer los jardines del palacio, perfectamente cuidados y llenos de colores, es fácil imaginarse en otra época, rodeado de personajes históricos que una vez pasearon por los mismos caminos. Las fachadas ornamentadas, con su mezcla de piedra y ladrillo, capturan la atención de cualquier amante de la arquitectura y el arte, y al contemplar cada rincón del edificio, te das cuenta de que este lugar no es solo una construcción, sino un símbolo vivo de la historia que ha hecho de Pravia lo que es hoy.

    Pero Pravia tiene aún más que ofrecer. El conjunto monumental del siglo XVIII, formado por la Colegiata de Santa María La Mayor, el Palacio de los Moutas y las Casas de los Canónigos, es una parada obligatoria para cualquier visitante que desee adentrarse en el corazón histórico de la villa. Este conjunto arquitectónico es un testimonio impresionante del arte y la devoción religiosa que durante siglos han definido a esta comunidad. La Colegiata, con su imponente fachada y su interior lleno de detalles artísticos, es un espacio donde la espiritualidad y la historia se entrelazan. Al cruzar sus puertas, te envuelve una atmósfera de respeto y admiración por las generaciones que la han preservado. Las otras edificaciones del conjunto, con sus características propias y su belleza única, complementan esta visita, ofreciendo un vistazo al pasado noble y religioso de Pravia.

    Cerca de la Colegiata, no puedes dejar de visitar la Capilla de Nuestra Señora del Valle, dedicada a la patrona de Pravia, una devoción que ha perdurado a lo largo de los siglos. En cada rincón de la villa, las casas señoriales y los edificios históricos cuentan su propia historia. La Casa del Busto, el Ayuntamiento, construido en 1779, y la Casa de Longoria, de estilo neoclásico, son ejemplos magníficos de la riqueza arquitectónica de Pravia, cada una con su propio encanto y legado.

    Si te aventuras más allá del casco histórico de la villa, las parroquias cercanas te ofrecen más joyas por descubrir. En Santianes, la Iglesia prerrománica de San Juan Evangelista, que data del siglo VIII, es una auténtica reliquia del pasado. Este templo, uno de los más antiguos de la región, ha sido testigo de innumerables acontecimientos históricos y ha mantenido su estructura original a lo largo de los siglos. No muy lejos, el Palacio de Salas, una majestuosa construcción del siglo XVIII, se alza como un monumento a la grandeza de la arquitectura asturiana.

    En la parroquia de Inclán, el Palacio de Inclán, que data del siglo XVII, te transporta a una época en la que las familias nobles gobernaban estas tierras, y sus vastas propiedades eran símbolos de poder y prestigio. A pocos pasos, el Área recreativa de Monteagudo te ofrece la oportunidad de disfrutar de una comida o merienda campestre en un entorno natural privilegiado, desde donde puedes contemplar vistas inigualables de la ría del Nalón.

    Pravia, además, es un lugar donde la naturaleza se integra de manera armoniosa con la vida diaria. Si necesitas un descanso durante tu exploración, no hay mejor lugar que el Área recreativa de La Peñona, donde podrás relajarte bajo la sombra de imponentes robles y castaños, en un entorno lleno de tranquilidad, equipado con bancos y mesas para que disfrutes de un merecido descanso. Finalmente, en Quinzanas, otra área recreativa te ofrece una amplia pradera a orillas del río Narcea, donde podrás disfrutar de un día al aire libre en un entorno inigualable.

    Pravia no es solo un destino, es una experiencia para los sentidos. Aquí, cada rincón esconde una historia esperando ser descubierta, cada paisaje te invita a la reflexión, y cada monumento es una puerta a un pasado lleno de grandeza. Si decides perderte en sus paisajes, en sus monumentos y en su historia, te aseguro que Pravia dejará una huella imborrable en tu corazón, una huella que te hará volver una y otra vez, en busca de más maravillas que solo este lugar puede ofrecer.