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  • Imagina que llegas a Llanes, un auténtico paraíso asturiano que te recibe con los brazos abiertos, invitándote a sumergirte en una aventura repleta de naturaleza, historia y cultura. Esta villa marinera no solo te da la bienvenida, sino que te envuelve con el frescor de sus brisas marinas, cargadas del aroma del mar Cantábrico, y te transmite una mezcla de calma y emoción al mismo tiempo. Desde el primer momento, sabes que has llegado a un lugar especial, donde cada rincón parece guardar secretos por descubrir, donde el mar y las montañas se abrazan en una danza eterna, y donde la belleza natural te invita a explorar cada sendero y cada playa.

    Llanes no es simplemente un destino turístico; es una experiencia inolvidable que despierta todos tus sentidos. Comienzas tu viaje a lo largo de su impresionante litoral, y rápidamente te das cuenta de que las palabras no son suficientes para describir lo que tus ojos ven. Esta región cuenta con más de 30 playas, cada una única a su manera, extendiéndose a lo largo de los 56 kilómetros de costa que Llanes tiene para ofrecer. Cada playa tiene su propio encanto, desde las más concurridas y urbanas hasta las más recónditas y tranquilas, todas enmarcadas por paisajes que te dejarán sin aliento. Algunas, como la imponente Playa de Toró, te reciben con un paisaje agreste, donde las rocas esculpidas por el viento y las olas te transportan a un mundo salvaje y primitivo. Otras, como la Playa de Palombina-Las Cámaras en Celorio, te invitan a relajarte en sus suaves arenas doradas, donde el suave murmullo de las olas te ofrece un refugio de paz y serenidad.

    Ambas playas han sido distinguidas con la prestigiosa Q de Calidad, un reconocimiento que garantiza no solo su belleza natural, sino también la calidad de sus servicios y su compromiso con la sostenibilidad. Esto te asegura que, mientras disfrutas de estos paraísos naturales, lo haces en un entorno cuidado y protegido, donde el equilibrio entre el turismo y el respeto por el medio ambiente es una prioridad.

    Pero si eres de los que prefieren explorar lugares más apartados, te diriges hacia la Playa de Andrín, una preciosa concha de arena dorada, protegida por verdes colinas que parecen abrazar la costa. A medida que te aproximas, percibes el olor del mar mezclado con el frescor de los campos circundantes, y sabes que estás a punto de descubrir un rincón mágico. Esta playa, de unos 240 metros de longitud, te ofrece todo lo que podrías necesitar para un día perfecto de sol y relax: desde amplios aparcamientos hasta servicios de socorrismo, pasando por un encantador chiringuito donde podrás degustar los sabores locales mientras disfrutas de las vistas.

    Sin embargo, Llanes no es solo una joya natural; también es un lugar donde la historia cobra vida en cada calle y en cada edificio. Mientras caminas por su casco histórico, el pasado se revela ante ti en cada esquina, transportándote a épocas lejanas. Uno de los primeros lugares que llama tu atención es La Casa de la Ballena, un edificio cargado de historia donde, antaño, las ballenas capturadas por los valientes marineros de Llanes eran subastadas y despiezadas. Este lugar te permite imaginar la vida de aquellos tiempos, cuando la caza de ballenas era una actividad central en la economía local, y las calles de Llanes estaban llenas de actividad y comercio relacionado con el mar.

    Siguiendo tu recorrido, te encuentras frente a la majestuosa Basílica de Santa María, una impresionante iglesia de estilo gótico que domina la Plaza de Cristo Rey. Construida en el año 1480 sobre los cimientos de una iglesia anterior, este monumento es un verdadero testimonio del espíritu comunitario de los habitantes de Llanes, ya que fue edificada no por el clero, sino por los propios vecinos y parroquianos. Al entrar en su interior, el silencio y la magnificencia del espacio te envuelven, y el altar mayor, traído desde Italia, brilla con un esplendor que refleja la devoción y el esfuerzo de quienes lo construyeron. Es un lugar que inspira respeto y admiración, y te hace sentir la profunda conexión que los llaniscos tienen con su fe y su historia.

    Muy cerca de la basílica, descubres el Palacio de Gastañaga, un auténtico tesoro arquitectónico que se remonta a la Edad Media. Este palacio es uno de los pocos ejemplos de construcciones medievales que aún se conservan no solo en Llanes, sino en todo Asturias, y al observar su robusta fachada de piedra, puedes imaginar cuántas historias habrán pasado por sus muros a lo largo de los siglos. Situado en un cruce estratégico entre la Plaza de Santa Ana y la Calle Mayor, este edificio es un recordatorio palpable de la riqueza histórica de la villa, un lugar donde el pasado se entrelaza con el presente en perfecta armonía.

    A pocos pasos de allí, te sorprende la elegancia del Palacio de Posada Herrera, otro de los emblemas arquitectónicos de la villa. Este magnífico edificio, ahora convertido en la Casa Municipal de la Cultura, fue el resultado del esfuerzo conjunto de tres de las familias más influyentes de Llanes: los Valdés, los Rivero y los Posada. Cada detalle de su construcción refleja el esplendor y el poder de estas familias, y caminar por sus salones te transporta a una época en la que la nobleza y la cultura florecían en esta tierra.

    Sin embargo, no puedes abandonar Llanes sin visitar uno de sus iconos más contemporáneos: los famosos Cubos de la Memoria. Situados en el puerto de la villa, estos gigantescos bloques de colores vibrantes no solo son una obra de arte, sino también un homenaje a la memoria colectiva de los llaniscos. Los cubos, pintados con símbolos y colores que representan la historia y la identidad de Llanes, te invitan a reflexionar sobre el paso del tiempo y el papel que juega la memoria en la preservación de las tradiciones.

    El puerto, que en su día fue un bullicioso centro de actividad pesquera, ahora se ha transformado en un lugar de recreo, donde las pequeñas embarcaciones conviven con yates y barcos de turistas. Aun así, mientras paseas por sus muelles, puedes ver a algunos de los pescadores de toda la vida reparando sus redes o preparando sus barcos, recordándote que, a pesar del paso del tiempo, Llanes sigue siendo, en su esencia, una villa marinera.

    Si decides continuar explorando, el Paseo de San Pedro te ofrece una de las vistas más espectaculares de toda la costa asturiana. Desde su elevado mirador, te encuentras sobre un acantilado cubierto de hierba verde que parece inclinarse hacia el océano. A tus pies, la Playa del Sablón se extiende como una joya dorada bañada por el sol, mientras las olas rompen suavemente en la orilla. Es el lugar perfecto para detenerte un momento, respirar profundamente el aire puro del Atlántico y dejar que la belleza de la naturaleza te inunde por completo.

    A medida que te adentras en los alrededores de Llanes, descubres playas que parecen sacadas de un sueño. La Playa de Gulpiyuri, por ejemplo, es un fenómeno natural único en el mundo. Esta pequeña playa, escondida entre verdes praderas y situada tierra adentro, está conectada al mar a través de una red de cuevas subterráneas. Las aguas del Cantábrico se filtran por estas cuevas, creando una laguna perfecta, rodeada de acantilados de piedra caliza. Aquí, el sonido de las olas es apenas un susurro, y el paisaje te hace sentir como si hubieras descubierto un rincón secreto, lejos del bullicio del mundo.

    Si lo que buscas es una playa más salvaje y dramática, la Playa de Guadamía te espera en la desembocadura del río que lleva su nombre, marcando el límite entre Llanes y Ribadesella. Aquí, el mar ha tallado la costa con paciencia infinita, creando formaciones rocosas que parecen salidas de otro mundo. Las olas se cuelan entre las grietas de los acantilados, creando un espectáculo de espuma y sonidos que resuenan en las cuevas cercanas.

    Cada rincón de Llanes tiene algo que ofrecerte, ya sea la tranquilidad de sus playas, la riqueza de su historia o la majestuosidad de sus paisajes. Al final de tu viaje, cuando te marches, lo harás con la certeza de que has encontrado un lugar especial, un rincón del mundo que siempre llevará un pedacito de tu corazón. Porque Llanes, con su belleza inigualable y su encanto único, deja una huella imborrable en todos los que lo visitan. Y, sin duda, siempre te invitará a regresar.