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  • Oviedo es una ciudad que parece sacada de un cuento medieval, donde cada rincón, cada piedra y cada edificio está impregnado de historia y cultura, esperando a ser descubierto por quienes se adentran en sus calles. Cuando comienzas tu recorrido, te encuentras en la emblemática calle San Vicente, donde lo antiguo y lo moderno se entrelazan. Aquí, se alza el antiguo monasterio de San Vicente, un lugar de gran relevancia histórica que, en la actualidad, alberga el fascinante Museo Arqueológico de Asturias. Al cruzar el umbral de este museo, te sumerges en una narrativa que abarca miles de años. Las vitrinas y las salas exponen una vasta colección de artefactos que van desde las épocas más remotas de la prehistoria hasta los refinados objetos medievales, revelando las civilizaciones que forjaron el destino de esta región. Cada pieza te invita a imaginar la vida en la Asturias primitiva, llena de guerreros, reyes y campesinos que dejaron su huella en el tiempo.

    Después de empaparte de historia, continúas tu camino hacia uno de los iconos indiscutibles del arte asturiano: la majestuosa iglesia de Santa María del Naranco, situada en las faldas del imponente monte Naranco, a unos 4 kilómetros de Oviedo. Esta joya arquitectónica, que se construyó en el año 848 como aula regia del palacio del rey Ramiro I, te deja sin palabras. A medida que te acercas, la iglesia se alza ante ti con su inconfundible planta rectangular, una estructura que, con el paso de los siglos, ha logrado mantenerse en pie como símbolo del esplendor asturiano. En su origen, fue un espacio dedicado al poder real, y aunque en el siglo XII se transformó en un templo religioso, su esencia monárquica sigue viva en cada uno de sus muros. La iglesia no solo es un edificio; es un monumento que evoca la grandeza del Reino de Asturias, y sus vistas desde lo alto del monte te regalan una perspectiva incomparable del paisaje asturiano.

    De vuelta en el corazón de la ciudad, tu próxima parada es la imponente Catedral de San Salvador de Oviedo, una obra maestra del gótico cuya construcción comenzó en el siglo XIV y se extendió hasta el año 1587. A medida que te acercas, la monumental fachada diseñada por Juan de Badajoz el Mozo te recibe con su esplendor gótico tardío, mostrando una mezcla de sobriedad y elegancia que define la arquitectura de la época. Al cruzar las puertas de la catedral, te envuelve una atmósfera de misticismo y solemnidad. Las altas bóvedas, los vitrales multicolores y las capillas llenas de detalles te invitan a una exploración minuciosa. Cada rincón de esta catedral está impregnado de historia, como la famosa Capilla de Santa Bárbara o el altar de Santa Teresa, con su majestuosidad barroca. El retablo mayor, una obra de arte comparable a los de Toledo y Sevilla, despliega ante tus ojos escenas de la vida de Cristo, talladas con un nivel de detalle que te deja sin aliento. Pero quizás lo más impactante sea la Cámara Santa, donde se custodia el Santo Sudario, una reliquia que ha atraído a peregrinos durante siglos.

    La Plaza de la Catedral es un espacio vibrante, lleno de vida. Aquí, los lugareños y turistas se mezclan en un constante vaivén, y el bullicio de la plaza te invita a sentarte en una de sus terrazas, disfrutar de un buen café o una sidra asturiana y observar cómo la vida fluye a tu alrededor. Es un lugar donde puedes sentir el pulso de Oviedo, una ciudad que ha sabido mantener su esencia a lo largo de los siglos, sin perder la calidez de su gente.

    Tu recorrido continúa hacia las afueras de la ciudad, donde te espera la Parroquia de San Julián de los Prados, una joya prerrománica que destaca por sus frescos únicos. Esta iglesia, a menudo pasada por alto, guarda en su interior un tesoro pictórico que ha sobrevivido milagrosamente al paso del tiempo. Al entrar, te envuelve una atmósfera de serenidad, y los colores que adornan sus paredes te cuentan historias de fe y devoción que datan de siglos atrás. La sencillez de su estructura contrasta con la riqueza de su arte mural, lo que convierte a este templo en una parada obligada para los amantes del arte antiguo.

    Al regresar al centro, te adentras en el bullicio del Mercado El Fontán, situado en la pintoresca Plaza del Fontán, una de las más emblemáticas de Oviedo. Este mercado cubierto, con más de un siglo de historia, es el corazón comercial de la ciudad. Aquí, entre los puestos de productos frescos y artesanales, te envuelve el aroma de la Asturias más auténtica. Quesos, embutidos, pescados y dulces tradicionales llenan los puestos, y te encuentras tentado a llevarte un pedacito de la región contigo. La plaza en sí, con sus coloridas fachadas y su atmósfera vibrante, es un lugar perfecto para empaparte de la esencia ovetense.

    Oviedo también es una ciudad que respira arte, y el Museo de Bellas Artes de Asturias es un testimonio de ello. Este museo, que alberga más de 15,000 piezas, es una verdadera joya cultural. Desde los maestros del Renacimiento, como El Greco y Goya, hasta los genios contemporáneos como Picasso, Dalí y Miró, cada sala es un viaje a través de la evolución del arte español y europeo. Pasear por el museo es una experiencia enriquecedora, que te permite apreciar la diversidad y riqueza artística de diferentes épocas y estilos.

    No puedes irte de Oviedo sin hacer una última parada en la pequeña y encantadora Plaza Trascorrales, un rincón semiescondido del centro histórico. Esta plaza, con su aire acogedor y sus coloridas fachadas, es un remanso de paz en medio de las bulliciosas calles. En el centro de la plaza, te encuentras con la escultura de La Lechera, un homenaje a las mujeres que, durante décadas, distribuían la leche por la ciudad. Es un recordatorio conmovedor de la historia laboral de Oviedo, y su presencia añade un toque de calidez y humanidad a este rincón tan especial.

    Tu aventura en Oviedo no estaría completa sin una visita al Estadio Municipal Carlos Tartiere, hogar del equipo de fútbol local, el Real Oviedo. Este moderno estadio, inaugurado en el año 2000 y con capacidad para más de 34,000 espectadores, es el epicentro de la pasión futbolística en la ciudad. Aunque su fachada de hormigón ha sido objeto de controversia, el estadio es un símbolo del Oviedo contemporáneo, una ciudad que sabe combinar tradición con modernidad.

    Oviedo es una ciudad que deja huella. Su mezcla única de historia, arte, cultura y vida cotidiana te atrapa, y cuando te marchas, te llevas contigo recuerdos imborrables de una experiencia inolvidable.