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Te encuentras en Avilés, una ciudad situada en la costa norte de España, en la región de Asturias, que, aunque es más pequeña que otras ciudades asturianas, está repleta de historia, arte, cultura y una sorprendente oferta de actividades. Desde el primer momento en que pisas sus calles, sientes que estás a punto de descubrir una joya escondida, un lugar donde el pasado y el futuro se mezclan en perfecta armonía. Avilés es una ciudad que ha sabido reinventarse, sin perder de vista su profundo legado histórico.
Tu recorrido por Avilés comienza en uno de sus lugares más icónicos y modernos, el Centro Niemeyer. Al aproximarte, no puedes evitar quedarte asombrado por la majestuosidad de esta impresionante obra arquitectónica, una maravilla contemporánea diseñada por el mundialmente famoso arquitecto brasileño Óscar Niemeyer. Su diseño, que contrasta notablemente con la arquitectura tradicional de la ciudad, te deja sin palabras. Las líneas curvas y limpias de sus estructuras parecen desafiar las convenciones, elevándose como un símbolo del arte y la modernidad en pleno corazón de Asturias. Al entrar en este centro cultural, sientes que te adentras en un mundo nuevo, un espacio donde las fronteras entre las distintas formas de arte desaparecen. Aquí puedes disfrutar de exposiciones de arte contemporáneo de renombre internacional, ciclos de cine cuidadosamente seleccionados, espectáculos de danza que te emocionan hasta el alma, obras de teatro que desafían tus percepciones, y eventos gastronómicos que deleitan tus sentidos. El Centro Niemeyer es más que un edificio; es una verdadera puerta de entrada a la creatividad, un lugar donde la cultura en todas sus formas florece con fuerza y donde cada rincón te invita a dejarte llevar por la magia del arte.
Después de empaparte de cultura moderna en el Centro Niemeyer, decides explorar el casco antiguo de Avilés, un lugar donde la historia y la tradición se entrelazan en cada esquina. Caminando hacia el Parque de Ferrera, pronto te das cuenta de que este parque no es simplemente un espacio verde; es un verdadero refugio de paz en medio de la ciudad. Sus senderos bien cuidados te guían a través de un paisaje de árboles frondosos, jardines con flores de vivos colores, y amplios prados donde puedes observar a los lugareños disfrutando de su tiempo libre. Mientras paseas por el parque, sientes que el estrés del día se disipa, reemplazado por una sensación de calma que solo la naturaleza puede ofrecer. En el centro del parque, un hermoso estanque se extiende ante tus ojos, y en él, patos y gansos nadan despreocupadamente, creando una escena de tranquilidad perfecta. Te detienes por un momento para contemplar cómo las aves se deslizan sobre el agua, sus movimientos suaves y elegantes, y te das cuenta de lo fácil que es perderse en la serenidad del Parque de Ferrera. Este es un lugar donde tanto turistas como residentes vienen a relajarse, desconectar y disfrutar del aire fresco en un entorno idílico.
Continuando tu exploración, llegas a la Calle Galiana, una de las calles más antiguas y emblemáticas de Avilés. Al caminar por esta vía adoquinada, flanqueada por soportales de piedra que parecen haberse mantenido en pie durante siglos, te transportas a otra época. Imaginando cómo esta calle estaba llena de vida en el pasado, con comerciantes y artesanos ofreciendo sus productos bajo los arcos de piedra, te invade una sensación de nostalgia por tiempos que no viviste. Hoy en día, la Calle Galiana sigue siendo el centro de la vida social de Avilés. Bares y restaurantes llenan sus costados, y las terrazas se convierten en el lugar ideal para degustar lo mejor de la gastronomía asturiana. No puedes resistirte a la tentación de sentarte en una de ellas y pedir un plato de la famosa fabada asturiana, con sus jugosos chorizos y morcillas, o un delicioso cachopo, acompañado de una botella de sidra artesanal. El ambiente es animado, y mientras disfrutas de tu comida, el suave murmullo de la gente y el sonido del escanciado de la sidra añaden una capa adicional de autenticidad a tu experiencia en Calle Galiana.
El siguiente destino en tu recorrido es la Iglesia de Santo Tomás de Sabugo, una auténtica joya del gótico asturiano. Esta iglesia, construida en el siglo XIII, se erige como un testimonio impresionante de la devoción y el arte de épocas pasadas. Al aproximarte a la fachada principal, te maravillas ante la complejidad de los detalles esculpidos en la piedra, cada figura y adorno contando una historia diferente. La grandeza de su arquitectura te deja sin palabras, y cuando finalmente cruzas el umbral para entrar en su interior, te ves envuelto por una atmósfera de recogimiento y espiritualidad. El interior, con sus altos techos abovedados y sus imponentes vitrales, te invita a detenerte y reflexionar, admirando los retablos intrincadamente tallados y los colores que las vidrieras proyectan sobre las paredes de piedra. Este es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, y mientras caminas por el silencioso pasillo central, sientes una conexión profunda con la historia y la fe que han sostenido a esta iglesia durante siglos.
A solo unos pasos de la iglesia, te encuentras con otro de los grandes tesoros de Avilés: el Teatro Palacio Valdés. Este elegante teatro, construido a principios del siglo XX, es uno de los lugares más importantes para las artes escénicas en Asturias. Su fachada neorrenacentista te transporta a una época de esplendor, cuando el teatro era el centro de la vida cultural de la ciudad. Al observar su fachada detalladamente decorada y su majestuosa entrada, no puedes evitar sentirte atraído por la idea de asistir a una función en su interior. Si tienes la oportunidad de entrar, quedarás impresionado por la belleza de su sala principal, con su decoración rica y su ambiente acogedor. Sentarte en una de sus butacas y ver una obra de teatro o un concierto es una experiencia inolvidable, donde el arte cobra vida en un escenario lleno de historia y tradición.
Pero tu visita a Avilés no estaría completa sin sumergirte en su pasado más profundo, y el lugar perfecto para hacerlo es el Museo de la Historia Urbana de Avilés. Este museo es un verdadero viaje a través del tiempo, donde puedes aprender sobre la evolución de la ciudad desde sus orígenes como pequeño puerto medieval hasta su transformación en un importante centro industrial. A medida que recorres las diferentes salas del museo, te sientes fascinado por los objetos históricos, los documentos antiguos y las fotografías que muestran cómo Avilés ha cambiado y crecido a lo largo de los siglos. Este recorrido no solo te ofrece una visión más profunda de la ciudad, sino que también te ayuda a comprender mejor el carácter resiliente y trabajador de sus habitantes.
Siguiendo con tu exploración de la rica historia de Avilés, te diriges al Palacio de Balsera, una obra maestra del modernismo que actualmente alberga el Conservatorio Municipal de Música Julián Orbón. Este palacio, con su magnífica fachada adornada con motivos florales y detalles decorativos que parecen sacados de un cuento de hadas, es uno de los edificios más impresionantes de la ciudad. Al acercarte, puedes escuchar los ecos de los estudiantes practicando música en el interior, creando una banda sonora melódica que llena el aire. El Palacio de Balsera no solo es un testimonio del esplendor arquitectónico de otras épocas, sino que también sigue siendo un lugar vibrante y lleno de vida, donde la música y el arte se encuentran a diario.
Por último, decides visitar la Plaza de España, también conocida cariñosamente por los locales como El Parche. Esta plaza, situada en el corazón de Avilés, es el centro neurálgico de la vida social y cultural de la ciudad. El majestuoso edificio del Ayuntamiento, con su torre del reloj, preside la plaza, dándole un aire solemne y elegante. Sentarte en una de las terrazas que bordean la plaza te permite observar el ir y venir de los habitantes y turistas, mientras disfrutas de una refrescante sidra o un café. El Parche es el lugar perfecto para relajarte y simplemente disfrutar del ambiente de la ciudad, sintiendo el latido de Avilés en cada conversación y en cada risa que escuchas a tu alrededor.
Al finalizar tu día en Avilés, te sientes completamente cautivado por esta ciudad que combina lo antiguo y lo moderno de una manera tan armoniosa.