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Imagínate llegando a Daroca, un encantador municipio de Zaragoza rodeado por dos imponentes cerros, San Jorge y San Cristóbal, que han servido durante siglos de guardianes de esta histórica ciudad. En tu primera mañana, te encuentras maravillado por la imponente muralla que rodea Daroca, una de las más largas de España, con sus 116 torreones y puertas históricas como la Puerta Baja y la Puerta Alta. Puedes pasear por el exterior de la muralla y sentir la historia que estas piedras han presenciado.
Tu primer destino es la Basílica de Santa María de los Sagrados Corporales, un lugar de gran importancia que comenzó en el siglo XII con estilo románico y fue ampliado con el tiempo. Al entrar, te sorprende el ábside románico y el retablo jubé del siglo XV, mientras que el órgano barroco y el Altar Mayor del siglo XVII añaden una rica textura a la experiencia. En el exterior, no te pierdas la antigua Puerta del Perdón.
Luego, te diriges a la Iglesia de San Juan Bautista, construida sobre una antigua mezquita en los siglos XII y XIII. El ábside original, primer ejemplo de la transición del románico al mudéjar aragonés, es un testimonio impresionante del estilo arquitectónico de la época.
A unos pasos se encuentra la Iglesia de San Miguel Arcángel, un ejemplar puro de arte románico. A pesar de las restauraciones, el retablo mural del siglo XIV y la Capilla de los Heredia del siglo XVII siguen deslumbrando a los visitantes con su historia y belleza.
Continuas tu recorrido en la Iglesia de Santo Domingo de Silos, que data de los siglos XII y XIII. Aunque el templo original sufrió daños en un incendio en el siglo XVIII, aún conservas elementos significativos como el ábside románico-gótico y la torre mudéjar, con detalles cerámicos que reflejan la tradición islámica.
En la Fuente de los Veinte Caños, construida en 1639, te detienes para admirar su diseño manierista y los veinte rostros desgastados por el tiempo que decoran la fuente, un testimonio del arte y la funcionalidad en la arquitectura pública.
La Mina, una impresionante obra hidráulica del siglo XVI, es tu siguiente parada. Este túnel de 600 metros atravesando el cerro de San Jorge fue una solución ingeniosa para el problema de inundaciones que enfrentaba Daroca. Es fascinante pensar en cómo este túnel no solo resolvió un problema, sino que también sirvió para el paso del ganado y, en tiempos más recientes, para el transporte durante la Guerra Civil.
No puedes dejar Daroca sin visitar el ruejo, una enorme rueda de molino que, en el siglo XVI, jugó un papel heroico al salvar la ciudad de una inundación catastrófica. La rueda, ubicada en el Paseo de la Constitución, es ahora un recordatorio de la ingeniosa solución de la ciudad ante los desastres naturales.
En tu segundo día, decides adentrarte en la historia del Hospital de Santo Domingo, un notable edificio del siglo XV que ha sido transformado en el Museo de Arte e Historia de Daroca. Este antiguo hospital, fundado para ofrecer refugio a transeúntes y minusválidos, es un ejemplar impresionante de la arquitectura de su tiempo. La fachada del edificio, adornada con arcos góticos y columnas esculpidas con intrincados detalles, refleja la majestuosidad y la riqueza del diseño medieval. Al cruzar el umbral, te encuentras en un espacio que, además de su función original, ha sido renovado para albergar exposiciones que narran la historia y la evolución de Daroca. Las exposiciones del museo abarcan desde arte sacro hasta objetos cotidianos de la vida en la ciudad medieval, permitiéndote una inmersión profunda en el pasado de este lugar. Los elementos arquitectónicos del hospital, como los arcos ojivales y las bóvedas de crucería, se mantienen en excelente estado, ofreciendo una ventana a la belleza y la funcionalidad del diseño gótico.
Más tarde, te diriges a la Casa de los Soportales, también conocida como Almudí, un edificio barroco del siglo XVII que alguna vez sirvió como cámara de grano. Este destacado ejemplo de arquitectura barroca muestra la combinación perfecta entre funcionalidad y estética. La estructura, con su elegante fachada de piedra, está sostenida por una serie de soportales que brindan sombra y abrigo a los transeúntes. Las zapatas de madera talladas a mano y los arcos de medio punto son testigos del detalle meticuloso que caracteriza la obra de la época. Al recorrer el interior, te maravillas con las amplias estancias que antaño albergaban granos y otros productos esenciales para la comunidad. La renovación del edificio, que ahora se utiliza para eventos culturales y exposiciones, preserva la esencia de su diseño original, permitiendo que los visitantes experimenten la combinación de funcionalidad y belleza que definió la arquitectura urbana barroca. La atmósfera de la Casa de los Soportales te sumerge en un ambiente histórico, evocando el papel vital que jugó en la vida económica y social de Daroca.
Entre estos impresionantes monumentos, tu visita a Daroca se convierte en un viaje inolvidable a través del tiempo, donde cada rincón cuenta una historia y cada edificio refleja la rica herencia de esta fascinante ciudad.