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Pontedeume, ese encantador pueblo de las Rías Altas gallegas, te recibe con los brazos abiertos, mientras el río Eume, en su majestuosa desembocadura, se funde con el inmenso Océano Atlántico. A sus espaldas se alza el imponente monte Breamo, un vigilante silencioso que ha protegido durante siglos esta villa rebosante de historia y naturaleza. Cada callejuela, cada rincón de Pontedeume tiene una historia que contar, una leyenda que susurrar, y sus piedras antiguas guardan secretos que se han transmitido de generación en generación. Aquí, cada paso que das es un viaje en el tiempo, una aventura que te invita a descubrir una Galicia profunda, auténtica y cargada de magia.
Un punto de partida esencial para cualquier viajero es el majestuoso Parque Natural de las Fragas del Eume, un lugar donde la naturaleza ha resistido el paso del tiempo con una fuerza sorprendente. En este bosque atlántico costero, uno de los últimos de Europa, te sentirás envuelto en una atmósfera de ensueño, casi irreal, donde los árboles centenarios parecen susurrar historias milenarias. El denso follaje de robles, castaños y alisos forma una cúpula verde tan tupida que apenas deja pasar los rayos del sol, creando un juego de luces y sombras que te transporta a un mundo antiguo, casi olvidado. A medida que sigues los senderos serpenteantes que se pierden en la fraga, el aire se vuelve más fresco y puro, lleno de los aromas de la tierra húmeda y la vegetación salvaje. Cruzarás puentes de piedra que han soportado el paso de los siglos, y el río Eume, con sus aguas cristalinas, te acompañará en todo momento, cantando su eterna canción mientras se desliza entre las rocas.
Cuando finalmente dejas atrás la fraga y vuelves al corazón del pueblo, la historia te recibe con la Plaza del Conde, un lugar que antaño fue propiedad de los poderosos Condes de Andrade, quienes dominaron la región con mano férrea. Aquí, en el centro de Pontedeume, puedes imaginar cómo la vida fluía hace siglos, con mercados llenos de comerciantes, nobles que paseaban con elegancia y artesanos que trabajaban incansablemente. Aunque el bullicio ha cambiado con el paso del tiempo, la esencia de esa época permanece impregnada en las piedras de las casas y las callejuelas empedradas. Desde la plaza, puedes vislumbrar lo que queda de la antigua Muralla de la Villa, que en otro tiempo se extendía a lo largo de la ribera del mar, protegiendo la villa de invasores y del salvaje oleaje del Atlántico.
A pocos pasos de allí, te encontrarás con la imponente Iglesia Parroquial de Santiago, una joya del patrimonio religioso de Pontedeume. Construida por mandato de don Fernando de Andrade en el siglo XVI, esta iglesia ha sido testigo de siglos de devoción y fe. Al entrar, te maravillarás con la capilla mayor, donde las altas bóvedas góticas y los vitrales multicolores crean un ambiente de solemnidad y espiritualidad que te invita a detenerte y reflexionar. Es un lugar donde la historia y la religión se entrelazan de manera sublime, y donde puedes sentir el peso de los siglos en cada rincón, como si las paredes aún conservaran los ecos de las oraciones que aquí se han pronunciado.
Pero si de historia medieval se trata, pocos lugares capturan mejor la esencia del pasado que el majestuoso Castelo de Andrade, una antigua fortaleza que se alza sobre una peña escarpada, desafiando el paso del tiempo y los embates del viento y el mar. La subida por las escaleras de madera que conducen al castillo es una experiencia emocionante en sí misma, pero una vez que llegas a la cima, el esfuerzo se ve recompensado con una vista que te dejará sin aliento. Desde lo alto, puedes ver el océano Atlántico extendiéndose hasta el horizonte, mientras a tus pies el verde del monte Breamo se mezcla con el azul profundo del mar. Aquí, en este lugar que antaño sirvió como bastión defensivo, puedes imaginar a los antiguos señores de Andrade, vigilando sus tierras y protegiendo a sus gentes de los ataques de invasores. El viento marino que sopla fuerte en lo alto del castillo parece llevar consigo los susurros del pasado, llenándote de una sensación de conexión con la historia que pocas veces se experimenta de manera tan intensa.
El recorrido por Pontedeume continúa con la visita a sus iglesias rurales, como la encantadora Igrexa de San Cosme de Nogueirosa o la más aislada Igrexa de San Miguel de Breamo, esta última situada en lo alto de un monte que ofrece unas vistas panorámicas simplemente impresionantes. El camino hasta San Miguel de Breamo es una subida que te adentra en un paisaje de verdes colinas, con el sonido lejano del viento y el canto de los pájaros como única compañía. Al llegar a la iglesia, la serenidad del lugar te envuelve por completo. La pequeña capilla de piedra, rodeada de naturaleza, parece estar suspendida en el tiempo, y desde aquí, puedes admirar el horizonte que se extiende en todas direcciones, con el Atlántico brillando en la distancia.
Y por supuesto, después de un día explorando los tesoros históricos y naturales de Pontedeume, nada mejor que relajarte en alguna de sus bellas playas. La Playa de Perbes, con su arena dorada y aguas cristalinas, es el lugar perfecto para dejarte llevar por el ritmo pausado del mar. Aquí, el sonido de las olas rompiendo suavemente en la orilla y la brisa marina te invitan a desconectar de todo, a dejar atrás las preocupaciones y simplemente disfrutar del momento. Las aguas tranquilas de esta playa son ideales para un baño refrescante, y su entorno natural te hará sentir como si estuvieras en un pequeño paraíso escondido.
No obstante, el viaje por Pontedeume no estaría completo sin una visita a su icónica Estacada del Borde Portuario, una estructura centenaria que nos recuerda las profundas raíces pesqueras de la región. Construida con robustos postes de madera de castaño, esta estacada fue en su día esencial para los pescadores locales, que la utilizaban para secar sus redes y aparejos. Hoy en día, aunque su uso ha cambiado, la estacada sigue en pie como un testimonio de la dura vida de los pescadores gallegos y su conexión inseparable con el mar. Aquí, el mar no es solo un paisaje, es vida, es historia, es cultura, y te invita a formar parte de ella.
En Pontedeume, cada rincón, cada sendero y cada mirada al horizonte te hacen sentir que formas parte de algo mucho más grande: un lugar donde la naturaleza, la historia y la cultura se entrelazan en una sinfonía perfecta.