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  • Guardo, una localidad situada en el corazón del noroeste de la provincia de Palencia, es mucho más que un simple municipio español. Con una población de 5 mil habitantes este rincón de Castilla y León ha sabido conservar el alma de un pueblo que guarda siglos de historia, tradiciones y un paisaje que deja sin aliento a cualquiera que se acerque.

    Guardo, asentado a orillas del río Carrión, se alza como un punto intermedio entre dos mundos contrastantes: al norte, las estribaciones meridionales de la cordillera Cantábrica, con su aire fresco y montañoso, sus picos y su vegetación frondosa que parecen acariciar el cielo; y al sur, la vasta meseta castellano-leonesa, con su horizonte abierto, seco, donde el viento lleva siglos susurrando leyendas y la tierra parece guardar secretos de tiempos inmemoriales. Esta diversidad geográfica convierte a Guardo en un lugar privilegiado, donde la naturaleza se presenta en todo su esplendor, ofreciendo un refugio para el alma y una experiencia sensorial sin igual para aquellos que buscan conexión con el entorno.

    La altitud del municipio varía entre los 1800 metros de las zonas más elevadas, como la Peña, y los 1100 metros de los valles bajos que se encuentran cerca del río Carrión, que fluye por el corazón de Guardo como una arteria vital que ha sido testigo del crecimiento y evolución del lugar a lo largo de los siglos. El río, conocido como Nubis por los romanos, lleva en su cauce las historias de las gentes que han habitado estas tierras, siendo testigo mudo de la transformación del paisaje y de la vida misma. Este curso fluvial se une eventualmente al Pisuerga, y juntos desembocan en el Duero, símbolo de la conexión de Guardo con una rica cuenca hídrica que ha sido fundamental para su desarrollo.

    Aunque los registros históricos de Guardo son escasos hasta la Edad Media, su toponimia sugiere la existencia de un castro celta en el barrio de Valdecastro, un enclave que pudo haber sido testigo de la vida y lucha de los pueblos antiguos que defendían su tierra y cultura contra las invasiones extranjeras. Aunque no existen pruebas concluyentes, el eco de aquellos tiempos resuena en las colinas y en las piedras que salpican el paisaje. Posteriormente, debido a su posición estratégica, Guardo se convirtió en un cruce de caminos durante la romanización, una encrucijada de culturas y gentes que dejaron huella en estas tierras.

    Pero Guardo no solo se define por su pasado antiguo, también ha sabido reinventarse a lo largo de los siglos. En pleno siglo XXI, la villa es paso del Camino Olvidado a Santiago, una de las rutas jacobeas menos conocidas, pero de una belleza y misticismo inigualables. Este sendero, utilizado por los primeros peregrinos, nos conecta directamente con el espíritu medieval, y recorrerlo es como caminar en los pasos de aquellos que, con fe y esperanza, emprendían su camino hacia Compostela. El silencio de los montes, interrumpido solo por el murmullo del viento y el canto de los pájaros, se convierte en compañero de viaje para los peregrinos que, al igual que en el pasado, encuentran en Guardo un lugar de descanso y reflexión.

    Entre los tesoros más valiosos de Guardo se encuentra la Iglesia de San Juan Bautista, una joya del gótico florido que se alza en lo alto de la localidad, en una zona conocida como el Otero. Esta imponente construcción del siglo XIV ha sido testigo de siglos de historia y de la devoción de sus fieles. En su interior, el arte barroco español brilla con esplendor, creando un contraste fascinante con la austeridad gótica de su estructura. La iglesia es más que un lugar de culto; es un santuario que resguarda el alma de Guardo, un punto de encuentro entre lo terrenal y lo divino.

    No muy lejos, en las entrañas del Románico Palentino, se encuentra la Pila Bautismal Románica de Guardo, una de las más enigmáticas de la región. De autor desconocido, esta obra del siglo XIII fascina por su simbolismo y por las preguntas que deja sin respuesta. Los historiadores debaten sobre su origen y su mensaje, pero lo cierto es que esta pila bautismal ha presenciado el inicio de incontables vidas, de generaciones de guardenses que, con el agua bendita, han sido integrados en la comunidad.

    Otro vestigio del pasado es el Palacio del Arzobispo Bullón, cuya fachada barroca ha sido cuidadosamente restaurada. Este edificio del siglo XVIII, declarado Bien de Interés Cultural, es un recordatorio del esplendor que vivió Guardo en tiempos pasados, cuando los señores eclesiásticos y la nobleza jugaban un papel crucial en la vida política y social del lugar.

    A pesar de sus profundas raíces históricas, Guardo es también un pueblo que mira al futuro con orgullo y dinamismo. Su mercado semanal, celebrado cada viernes, es el más grande de la provincia de Palencia, atrayendo a visitantes de todos los rincones. El bullicio de los comerciantes, los colores de las frutas y verduras, los aromas de los productos frescos… todo en el mercado de Guardo es un festín para los sentidos. Además, las ferias tradicionales que se celebran a lo largo del año, como la Feria del Camino Olvidado a Santiago en agosto o el Día del Libro, han ganado prestigio a nivel nacional, convirtiendo a Guardo en un referente cultural en la región.

    En cuanto al patrimonio cultural reciente, Guardo se enorgullece de contar con el mejor mural del mundo de 2022, obra de David Esteban. Este mural, una explosión de arte urbano y color, decora las calles de la localidad y ha puesto a Guardo en el mapa internacional del arte contemporáneo. Es una muestra de cómo este pueblo ha sabido conjugar tradición y modernidad, historia y creatividad, para seguir siendo un lugar vibrante y lleno de vida.

    Las fiestas patronales de Guardo, en honor a San Antonio de Padua, son una explosión de alegría y fervor popular. Celebradas la semana del 13 de junio, las calles se llenan de música, danzas, desfiles y actividades que atraen tanto a los habitantes como a los visitantes. Durante estos días, el pueblo vibra con una energía contagiosa, y el espíritu comunitario florece con más fuerza que nunca.

    Guardo, con su rica historia, su patrimonio cultural y su impresionante entorno natural, es mucho más que un punto en el mapa. Es un lugar donde el tiempo parece detenerse, donde cada rincón cuenta una historia, donde la naturaleza y el ser humano han convivido durante siglos en una armonía mágica. Para quienes buscan autenticidad, historia y una conexión profunda con el pasado y el presente, Guardo se presenta como una parada obligada, un lugar para perderse y, al mismo tiempo, encontrarse.