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  • Huesca, una ciudad situada en el límite de las sierras exteriores del Pirineo, ofrece un recorrido fascinante a través de su rica historia y arquitectura. Por ella discurre el río Isuela, y en sus alrededores el río Flumen, creando un entorno natural que complementa su patrimonio cultural.

    Al llegar a la ciudad, uno se encuentra con las murallas, construidas en el siglo IX por los musulmanes como defensa ante los ataques de los cristianos del norte. Estas murallas, con siete puertas y cien torres, son un vestigio de la antigua fortaleza que protegía la ciudad. Aunque hoy solo se conserva la puerta del Septentrión, su estructura gótica remodelada y las características romanas y mudéjares restantes narran la historia de una ciudad que ha sido un crisol de culturas.

    Continuando el recorrido, se descubre la Iglesia de San Pedro el Viejo, un monasterio románico del siglo XII que alberga el panteón real de los reyes de Aragón, Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje. La torre hexagonal y las pinturas murales del siglo XIII, junto con la sillería del coro del siglo XVI y el Retablo Mayor de principios del XVII, ofrecen una mirada íntima a la evolución artística y religiosa de la región. Este monumento nacional, situado en el casco antiguo, es un testimonio de la devoción y la historia aragonesa.

    A pocos pasos, el Convento de San Miguel, fundado por Alfonso I en 1110, se alza junto al río Isuela y el puente de San Miguel. Este conjunto románico tardío ha sido un hospital, leprosería y lugar de reunión hasta el siglo XV. Conocido popularmente como "Las Miguelas", debido a las monjas carmelitas que lo habitan, el convento conserva retablos barrocos y un órgano del coro de 1852, que resuena con la historia de los que han pasado por sus muros.

    La majestuosidad de la Catedral de Santa María, construida entre los siglos XIII y XVI, domina el skyline de Huesca. Esta catedral gótica, que se erige sobre un posible templo romano y la antigua mezquita aljama, es un ejemplo de la transformación arquitectónica a lo largo de los siglos. El interior alberga retablos, capillas y sepulcros góticos y barrocos, y el Museo Diocesano de Huesca ofrece una inmersión en el patrimonio religioso de la región.

    A las afueras de la ciudad, el Santuario de Nuestra Señora de Salas, reedificado alrededor del siglo XIII, invita a los visitantes a un viaje espiritual a través de su vía crucis. Este monumento nacional, con su portada de arquivoltas y capiteles sin columnas, es un lugar de peregrinación que ha sido testigo de siglos de fe.

    La Iglesia de Santa María in Foris, del siglo XIII, y el Palacio de Villahermosa, un centro cultural gótico, son paradas obligadas para los amantes de la historia y la arquitectura. El Ayuntamiento de Huesca, un claro ejemplo de la casa consistorial aragonesa del Renacimiento, alberga el famoso cuadro de la Campana de Huesca, una leyenda local que añade un toque de misterio a la ciudad.

    Finalmente, no se puede dejar de visitar el Museo de Huesca, un auténtico tesoro cultural situado en la antigua Universidad Sertoriana. Este museo no solo alberga una vasta colección de restos arqueológicos que permiten explorar la historia profunda de la región, sino que también exhibe una impresionante gama de obras de arte que abarcan desde la época medieval hasta el arte contemporáneo. Entre sus joyas, destacan las salas dedicadas a la arqueología, donde se encuentran objetos que datan de la prehistoria, así como una colección de arte sacro que muestra la evolución del estilo religioso a lo largo de los siglos.

    La Basílica de San Lorenzo, dedicada al patrón de la ciudad, es otro de los emblemas de Huesca que no se puede pasar por alto. Esta iglesia, construida sobre un antiguo templo románico y ampliada en el siglo XIV en estilo gótico, combina a la perfección la sobriedad del gótico con la ornamentación del barroco en sus capillas laterales. Cada 10 de agosto, la basílica se convierte en el epicentro de las festividades en honor a San Lorenzo, donde los danzantes interpretan tradicionales danzas de espadas, cintas y palos en su portada, creando un espectáculo lleno de color y tradición que atrae tanto a locales como a visitantes.

    La Ermita de San Jorge, ubicada en un pintoresco cerro a las afueras de la ciudad, es un lugar de gran significado histórico y simbólico. Construida en el siglo XIII, aunque el edificio actual data del siglo XVI, la ermita conmemora la legendaria aparición de San Jorge en la batalla de Alcoraz, un evento crucial en la historia de la Reconquista. El retablo de la ermita, que narra escenas de la batalla junto a figuras de San Lorenzo, San Vicente y el Calvario, es una obra de arte que invita a la contemplación y al recuerdo de tiempos pasados. Además, el entorno natural que rodea la ermita, con su frondoso pinar, es un lugar ideal para disfrutar de la tranquilidad y de las vistas panorámicas de la ciudad y sus alrededores.

    Desde las murallas medievales hasta los modernistas Ultramarinos La Confianza y el Círculo Oscense, Huesca es una ciudad que ofrece una experiencia turística enriquecedora, donde cada rincón cuenta una historia y cada monumento es una ventana al pasado.

    Huesca es un municipio que, con su rica historia y su vibrante patrimonio cultural, ofrece a sus visitantes una experiencia única que abarca desde la majestuosidad de sus monumentos históricos hasta la calidez de sus tradiciones locales. Su combinación de paisajes naturales impresionantes, como los Pirineos y los ríos que la rodean, con su arquitectura que va desde el románico hasta el modernismo, la convierte en un destino imprescindible para los amantes de la cultura y la naturaleza. Huesca no solo preserva su pasado con orgullo, sino que también se proyecta hacia el futuro, manteniendo vivas sus costumbres y ofreciendo una hospitalidad que deja una huella indeleble en quienes la visitan. Es, sin duda, un lugar donde la historia y la modernidad conviven en armonía, ofreciendo un mosaico cultural tan diverso como fascinante.