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La Lastrilla, un pequeño pero vibrante municipio de la provincia de Segovia, encierra en sus estrechas calles y sus amplios paisajes mesetarios una riqueza histórica y cultural que pocos conocen, pero que, una vez descubierta, deja una huella indeleble en la memoria. Situada estratégicamente a las puertas de Segovia, La Lastrilla ha sabido mantener su propia identidad mientras se expande y moderniza, conservando siempre su esencia castellanoleonesa.
Este lugar no es simplemente un punto en el mapa, sino un crisol de tradiciones y vestigios del pasado que se entremezclan con la naturaleza imponente que lo rodea. El municipio está políticamente dividido en dos áreas principales: La Lastrilla y El Sotillo, este último construido sobre los cimientos de la antigua aldea de Ojalvilla, cuyo nombre evoca tiempos lejanos en los que la vida rural florecía en estas tierras. Aunque hoy en día El Sotillo ha crecido de forma considerable, gracias a su proximidad a la capital segoviana, aún se siente en el aire el eco de las generaciones que alguna vez llamaron a esta aldea su hogar.
Al caminar por las calles de La Lastrilla, se percibe la energía de un lugar que mira hacia el futuro sin olvidar su pasado. El término municipal está atravesado por carreteras que lo conectan no solo con Segovia, sino también con otros rincones de la región, como la nacional N-110 y la carretera autonómica. Estas vías no solo son rutas de comunicación, sino también caminos que conectan historias, pueblos y personas, tejiendo un tapiz cultural que invita a la exploración. Y al cruzar por la carretera de circunvalación SG-20, el paisaje que se abre ante los ojos del visitante revela las características de una tierra marcada por la meseta castellana, donde los campos se extienden hasta encontrarse con la silueta lejana de la Sierra de Guadarrama.
La altitud de La Lastrilla otorga al municipio una vista privilegiada del valle del río Ciguiñuela, cuyo cauce discurre hasta desembocar en el Eresma. Este río ha sido testigo de siglos de cambios en la región, desde los días de los primeros asentamientos humanos hasta la actualidad. El relieve suave de las llanuras contrasta con el escalón que forma el valle, creando un escenario natural que invita tanto al paseo tranquilo como a la reflexión. Este es un lugar donde el horizonte parece alargarse sin fin, y donde la luz del sol, en los días despejados, inunda los campos con un resplandor dorado que realza la belleza serena del entorno.
La conexión con la naturaleza es un aspecto fundamental de La Lastrilla, pero no es la única razón por la que este municipio es especial. Por estas tierras también discurre el Camino de San Frutos, una ruta de peregrinación que tiene su primera etapa aquí, en La Lastrilla. Los caminantes que recorren este camino no solo buscan un destino espiritual, sino que también se sumergen en la rica cultura y la historia local a medida que avanzan por cada uno de sus tramos. El camino, con su carga simbólica y espiritual, une a La Lastrilla con otros puntos sagrados de la provincia, haciendo de este municipio un lugar de paso, de encuentro y de reflexión.
El patrimonio histórico de La Lastrilla tiene uno de sus máximos exponentes en la Iglesia de San Juan Bautista, que se alza majestuosa en el centro del antiguo casco histórico del pueblo. Aunque su aspecto sencillo puede pasar desapercibido para los visitantes menos atentos, basta con adentrarse en sus muros para sentir la solemnidad que impregna cada rincón. Este edificio barroco, de una sola nave, es un ejemplo perfecto de la arquitectura religiosa castellana, donde la sobriedad y la funcionalidad se combinan para crear un espacio destinado tanto a la oración como a la vida comunitaria.
A los pies de la iglesia se alza su campanario, una torre de ladrillo que, si bien fue construida en tiempos más recientes, mantiene el espíritu del pasado al apoyarse en los cimientos de la antigua espadaña. Las campanas que suenan desde lo alto del campanario resuenan por todo el municipio, marcando el paso del tiempo y recordando a los habitantes de La Lastrilla su conexión con la fe y con la historia. Este lugar de culto ha sido durante siglos el corazón espiritual del municipio, donde generaciones de vecinos han celebrado sus bautizos, bodas y funerales, manteniendo vivas las tradiciones que forman el alma de La Lastrilla.
Si bien el casco histórico de La Lastrilla conserva su encanto rural, El Sotillo representa el dinamismo del municipio en tiempos modernos. Ubicado donde una vez estuvo la aldea de Ojalvilla, este barrio ha experimentado un crecimiento vertiginoso en las últimas décadas. La cercanía con Segovia ha propiciado que muchas familias elijan El Sotillo como su hogar, lo que ha traído consigo nuevas infraestructuras, servicios y un aire de renovación. Sin embargo, aunque moderno, El Sotillo no ha perdido del todo la conexión con su pasado. Los nombres de las calles y algunos detalles arquitectónicos aún rinden homenaje a la desaparecida Ojalvilla, cuyos habitantes labraron la tierra y construyeron una comunidad que, aunque ya no existe físicamente, sigue presente en la memoria colectiva del municipio.
La Lastrilla es, en muchos sentidos, una localidad que vive entre dos mundos: el pasado y el futuro. Su proximidad a Segovia le permite disfrutar de las ventajas de la modernidad, mientras que su historia rica y su patrimonio cultural la mantienen firmemente enraizada en la tradición. Cada rincón de este municipio, desde los campos que rodean el río Ciguiñuela hasta las calles tranquilas de su casco antiguo, cuenta una historia de adaptación, de lucha y de celebración.
Aquí, el visitante encontrará mucho más que un simple lugar de paso; descubrirá un pueblo lleno de vida, donde cada piedra, cada camino y cada río hablan de la resiliencia y el espíritu de sus habitantes. La Lastrilla, con su belleza discreta y su riqueza cultural, es una joya escondida de Castilla y León, esperando a ser descubierta por aquellos que deseen sumergirse en su historia y caminar por sus senderos llenos de emoción y significado.